Quimérica les presenta a otro asiduo del bar:

El hombre pide disculpas al entrar al escenario. “Cuando anuncian a un artista brasileño la gente piensa que subirá un apuesto moreno a mover caderas”. Pero no, él es un cuarentón barbudo, con cara de niño y ese castellano dulce y torpe de los que hablan portugués. Su monólogo habla de las penurias del sudaca en España, pero es menos espectacular que su propia vida.

Rafeek llegó a Palma de Mallorca en 2001, procedente de la India, en un viaje espiritual que había iniciado tres años atrás en Sao Paulo. Nilson Albertoni, como se llamaba entonces, era el gerente de un gran banco en Brasil. Corbata ajustada, hipoteca, coche último modelo, una hija y un divorcio. Todo en 34 años. El tercero de cinco hermanos, que nació en una pequeña isla desaparecida del río Paraná, se había convertido en un ejecutivo con amigos influyentes.

Lo dejó todo, hasta el nombre. Se dedicó a la meditación y fue el alumno más viejo de la clase de teatro. Ya en la India se dejó hipnotizar por los magos de las calles de Bombay y recuperó la capacidad de asombro que su oficio de "vendedor de dinero" le había robado. Hoy hace seis años que vive una especie de segunda vida, pero muy real, en España, como trabajador autónomo. Actor, payaso, monologuista y mago. Con 47 años afirma convencido: "no tengo nada, pero soy yo y estoy feliz".

Nómada por principio, convicción y necesidad, Rafeek se entrena para ofrecer algo más. De Baleares a Madrid y de ahí a Lisboa, con un monólogo que incluye trucos de magia y presenta en bares y pequeños teatros. O siendo un mago encarnado en el mítico Zorro en lujosos hoteles. O el mago loco que regala flores de aire y espadas de colores a los niños en fiestas particulares.

Para poder desempeñar formalmente su trabajo, hace unos cuatro años se registró como trabajador autónomo. Este estatus implica una deducción del 10% de sus ingresos, además del 16% que debe cobrar como IVA y una cuota de casi 300 euros mensuales, destinados a pensión. “Lo más duro de esto es rellenar formularios, lidiar con un contable, facturar y pararse al otro lado de la ventanilla del banco”. Cuatro de cada diez trabajadores autónomos es inmigrante, según cifras del último trimestre de la Federación de Trabajadores. “La diferencia con los que hacen otra actividad es que hay una especie de estabilidad. En este oficio no hay tarifas reguladas. Un mes ganas 4.000 euros y otro apenas alcanzas 1.000”.

Es el backstage del trabajo al que Rafeek decidió dedicarse lejos de su país natal. En España no tiene secretaria ni chofer y en el plató en el que interpreta su “monólogo mágico” ni siquiera hay una voluptuosa asistente de magia. Pero ya lo ha dicho, tiene la satisfacción de ser él mismo siempre.

¡Un vino blanco Manolete!!!