Segunda vida real
Quimérica les presenta a otro asiduo del bar:
El hombre pide disculpas al entrar al escenario. “Cuando anuncian a un artista brasileño la gente piensa que subirá un apuesto moreno a mover caderas”. Pero no, él es un cuarentón barbudo, con cara de niño y ese castellano dulce y torpe de los que hablan portugués. Su monólogo habla de las penurias del sudaca en España, pero es menos espectacular que su propia vida.
Rafeek llegó a Palma de Mallorca en 2001, procedente de
Lo dejó todo, hasta el nombre. Se dedicó a la meditación y fue el alumno más viejo de la clase de teatro. Ya en
Nómada por principio, convicción y necesidad, Rafeek se entrena para ofrecer algo más. De Baleares a Madrid y de ahí a Lisboa, con un monólogo que incluye trucos de magia y presenta en bares y pequeños teatros. O siendo un mago encarnado en el mítico Zorro en lujosos hoteles. O el mago loco que regala flores de aire y espadas de colores a los niños en fiestas particulares.
Para poder desempeñar formalmente su trabajo, hace unos cuatro años se registró como trabajador autónomo. Este estatus implica una deducción del 10% de sus ingresos, además del 16% que debe cobrar como IVA y una cuota de casi 300 euros mensuales, destinados a pensión. “Lo más duro de esto es rellenar formularios, lidiar con un contable, facturar y pararse al otro lado de la ventanilla del banco”. Cuatro de cada diez trabajadores autónomos es inmigrante, según cifras del último trimestre de
Es el backstage del trabajo al que Rafeek decidió dedicarse lejos de su país natal. En España no tiene secretaria ni chofer y en el plató en el que interpreta su “monólogo mágico” ni siquiera hay una voluptuosa asistente de magia. Pero ya lo ha dicho, tiene la satisfacción de ser él mismo siempre.
¡Un vino blanco Manolete!!!

Lydia dijo
¡Precioso!!! ¡Preciosa la historia y tu forma de escribirla!
Muchos besos Carol,
Lydia.
15 Mayo 2007 | 12:22 AM